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EXPOSICIÓN FLOTANTE A LAS AMÉRICAS DEL SUR Y UN GRAN HOMBRE.


                            
Con el fin de promocionar los productos españoles allende ultramar surge un hombre: Fernando Casani y Díaz de Mendoza, que impulsado por los resortes de esta gran idea no tiene reparos en arriesgar gran parte de su fortuna promoviendo el gran desafío de hacerlos  llegar al otro lado del Atlántico a través de una Exposición Flotante. Es así como decide adquirir la propiedad de un buque con el fin de acondicionarlo para estos fines. El buque sería el “Claris” que pasaría a llamarse “Conde de Vilana”.
Conde de Vilana



El día 26 de abril de 1888 se inaugura en el puerto de Barcelona la exposición flotante a bordo del vapor “Conde de Vilana”  destinada a llevar los productos españoles a los países sudamericanos de Uruguay, Brasil y Argentina, visitando previamente los puertos españoles  como Tarragona, Valencia, Cartagena, Málaga, Cádiz y Las Palmas.

Vapor "Conde de Vilana"


 El espíritu que llevó a Fernando Casani y Díaz de Mendoza, conde de Vilana (1847-1909) primer titular de este título nobiliario pontificio creado por Alfonso XII, su promotor, fue “estrechar con el vínculo del trabajo lo que poderosas flotas, temibles por los formidables aprestos de guerra que conducían no hicieron mas que separar” y provocar la aproximación con los países latinoamericanos a la vez de fomentar el comercio con los mismos, mostrando a estos: productos de los campos de la industria, la agricultura, arte y artesanía, armas de la fábrica nacional de Toledo, la industria tabaquera como la Compañía General de Tabacos de Filipinas y hasta el famoso “Anís del Mono”. Dicha exposición respondía a tres fines según el conde de Vilana: ” 1. La adquisición de mercados donde son de primera necesidad nuestros productos 2. La unificación de marcas que acaben con la falsificación ruinosa que en diversas naciones de Europa se practica con grave detrimento de nuestros intereses, y 3.° El pacto de condiciones para establecer el cambio y giro mutuo entre España y aquellas Repúblicas para desembarazarnos del tributo que por este concepto pagamos á Inglaterra.
 La Exposición flotante pretendía que España se pusiera  en la primera fila del movimiento europeo, pero también, de forma solapada, contemplaba un espíritu como de compensación por el afán de dominio de las antiguas expediciones guerreras.


Para participar en dicha exposición se debería solicitar permiso a la gerencia de la Comisión creada ex profeso para la misma. Estas mercancías se almacenarían como en tránsito en el almacén general. El acarreo de los productos será de cuenta de los expositores. Serían rechazados los productos mal acondicionados. Los caldos se prepararán para que se conserven en buenas condiciones en aquellas latitudes… siguen una serie de normas para que no haya dudas sobre los principios que rigen todo el proceso de esta exposición, como inspecciones e instrucciones adecuadas, sin escatimar detalles de confort y comodidades para su mayor esplendor. Dentro de la Comisión Expositora están el Conde, el Capitán y los Pilotos aparte de representantes de las Cámaras de Comercio y de la prensa.

El conde de Vilana, el Capitán Sr.José Torras y Ferrer y otra personalidad

Este gesto del Conde de Vilana no fue acogido de la misma manera por todo el mundo, hubo gestos de apoyo, se pretendió, con escaso tino, compararla con las exposiciones de Barcelona y Paris,  pero también  hubo burlas y juicios pobres como el que apareció en el Diario de Murcia de la época en carta enviada a su director y de la que a continuación transcribo una parte: “…soy tan español que queriendo que el nombre de mi patria quede a la altura que merece, he dicho y digo que la Exposición Flotante es deficiente porque no nos acredita en ninguna parte… llamo cacharro al “Vilana” porque cacharros se suele llamar a los tratos viejos y ese barco fue construido en Glasgow 1860( lo que este señor no llegó a saber es que este buque llegó a celebrar casi su primer centenario con vida) . Se llamó primeramente “Hecla”, después en poder de otro dueño lo bautizaron con el nombre de “Claris” y hoy en manos de nuevo amo se llama como todos sabemos…”
De cualquier forma la exposición fue reconocida como un éxito en los mercados sudamericanos.
El “Conde de Vilana” parte de Barcelona el 12 de Mayo y está en Buenos Aires el 28 de Agosto, habiendo hecho escala antes en Montevideo después de una travesía desde Las Palmas de veintiún días.


Medalla conmemorativa

EL BUQUE: 130 m. de eslora, 10,76 de manga y 7,30 de puntal. Su máquina es de 1.200 caballos, velocidad de 12 á 13 nudos , capacidad de 2.300 t. Fué un barco de la Cunard con el nombre de “Hecla”. En 1882 pasa a la Compañía Catalana de Transportes Marítimos con el nombre de “Claris” y comprado por 125.000 pesos. La compañía quiebra, queda amarrado en Liverpool y en 1888 lo adquiere el conde de Vilana para la exposición flotante de 1500m3 y toma el nombre de “Conde de Vilana”. Pasa por diferentes dueños en Argentina y finalmente es desguazado el año 1954


Cuando era el "Hecla"

Y es, precisamente en el verano de 1955  cuando el Ministro de Comercio, Sr. Arburúa, ordena organizar una Exposición Flotante de productos españoles, que llevara la muestra a diversas naciones del continente americano. En  octubre de 1955, se creó la Comisión Interministerial Organizadora de la Exposición Flotante Española, para llevar a cabo toda la organización de la Exposición teniendo que resolver prácticamente los mismos problemas que los del “Conde de Vilana” como los de adaptación, selección, clasificación, etc. Se elige para esta exposición el buqe “Ciudad de Toledo”, de Trasmediterránea, que se encontraba en ultima fase de construcción (al contrario que el “Conde de Vilana” que algunos lo consideraron un “cacharro).
"Ciudad de Toledo"  (Imagen de Trasmeships)


      El 5 de agosto de 1956  Franco en compañía de varios ministros inaugura la Exposición en el puerto de Pasajes. Este mismo día sale a navegar y visita los puertos de Bilbao, Lisboa, Tánger, Huelva, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, Río de Janeiro, Santos, Montevideo, Buenos Aires, Bahía, Recife, La Guaira, Barranquilla, Cartagena de Indias, Colón, Puerto Limón, Veracruz, Tampico, Nueva Orleáns, La Habana, Santiago de Cuba, Puerto Príncipe, Ciudad Trujillo, San Juan de Puerto Rico, Casablanca, Ceuta, Melilla, Valencia finalizando en Barcelona el 22 de diciembre de 1956.Fueron 31 puertos de 16 países los que visitó en este histórico periplo con unos dos millones y medio de visitantes aproximadamente.
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UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA A LA METEOROLOGÍA NÁUTICA

               Hoy día el conocimiento de datos climatológicos para la navegación ha evolucionado exponencialmente gracias a la información satelital y su presentación en  forma electrónica. Hubo otros tiempos no muy lejanos  en los que con la invención del telégrafo por Morse se dio un paso de gigantes y para los marinos, sesenta años después, con la telegrafía sin hilos desarrollada por Marconi, se consigue que la información del tiempo se conociera a bordo sin tener prácticamente en cuenta el factor tiempo; nace el concepto de “red meteorológica”. En la navegación de altura principalmente eran los Oficiales Radiotelegrafistas(Radioelectrónicos) los que proporcionaban esta información suministrada a través de las diferentes estaciones costeras con la que en muchas ocasiones, presentada por medio de claves numéricas, se procedía a confeccionar mapas de superficie o baranales y que nos servían para hacer un auténtico pronóstico del tiempo que nos íbamos a encontrar a lo largo de nuestras singladuras.




    Los chinos de las márgenes del río Huang He,hace más de 3000 años, pronosticaban la llegada de las estaciones gracias a la observación de las estrellas.

 Pero situemos la acción en otra época, cuando…  el hombre se hace a la mar y descubre que el viento incide de manera directa sobre las olas, que estas y el viento  hacen zozobrar las embarcaciones; que el cielo al oscurecerse, bien por las nubes, bien por el efecto de la noche, le oculta referencias para arrumbar, que la mar asciende y desciende puntualmente, que existen corrientes favorables y contrarias al avance de las naves … que todos estos fenómenos inciden de forma directa sobre el resultado de unas inciertas singladuras. Todos estos fenómenos y sus consecuencias los memoriza y le van sirviendo de referencia para sucesivas aventuras marítimas. Es posible que en un principio los administrase para su propio provecho, sin más trascendencia, pero más tarde debe sentir la necesidad de compartirlos y se produce el intercambio, cada cual describe sus experiencias y así se va conformando un conocimiento empírico que se ha de transmitir, enriquecido, a través de los tiempos. Es una especie de meteorología náutica incipiente sin el amparo del conocimiento científico pero que servirá de plataforma de lanzamiento para una incorporación más ilustrada a su centro medular. Es pura actividad de pioneros navegantes, los que se dejaron la piel y de los cuales se obtuvieron suculentas enseñanzas no siempre reconocidas por la historia y sin las cuales no hubiera existido la base que desembocaría en la Meteorología y Oceanografía modernas.



El conocimiento o no de las variables atmosféricas, sus manifestaciones, en el seno marítimo ha contribuido a que la aventura marítima, comercial o bélica, haya conseguido sus fines o haya desembocado en auténticos desastres que por su ingente cantidad es imposible enumerar. Y es en la misma historia donde se almacenan acontecimientos puntuales que se vieron influidos por la existencia o no de pronósticos, de interpretaciones certeras o erróneas de estas variables meteorológicas y que como resultado tuvieron sus consecuencias. Algunos los analizaremos posteriormente



 A lo largo de la historia el conocimiento del tiempo atmosférico ha sido un factor determinante para que la navegación adquiriese ciertas garantías de seguridad. La aportación popular de dichos, refranes y presagios produjo su efecto. La observación de este tiempo con todas sus variables fue lo que progresivamente dio forma a la meteorología empírica que contribuyó de forma decisiva a que la aventura marítima tuviese un escudo que la defendió de muchos desastres. Es incuestionable que el hombre que se aventuraba a salir a la mar tuviera sus miedos, sus temores de un incierto regreso, si existía la idea de un pronóstico previo solo servía para ir, después, el regreso de las largas singladuras dependía de la experiencia y los dioses.   Así surgen la superstición, los intereses particulares y las necesarias deidades mitológicas que en Grecia, Egipto, Roma… dominan el espectro celestial y de esta forma este navegante se encuentra amparado por una respuesta a una pregunta que no era capaz de solucionar, los acontecimientos atmosféricos se producían: tormentas y bonanzas, y eran los dioses los que los administraban. En la antigua Grecia, como afirma el científico logroñés Martín Municio:  “…mítica y lógica,  fantasía y  realidad se escindían sin desaparecer y se separan sin excluirse”. El mito, la ciencia, el misticismo y la leyenda se mezclan, se solapan y hasta se combinan. En la Grecia antigua el conocimiento de fenómenos atmosféricos mezclaba el conocimiento empírico con la astrología y  la mitología. En esta hay un auténtico manantial de derrotas que nos introduce de lleno en ese misterioso Olimpo en el que cada dios tiene su parcela y que administra a su gusto, a su capricho: Nereidas, oceánidas, sirenas, górgonas, tritones… y Zeus el dios supremo que domina la naturaleza y con solo sacudir su escudo podía desatar las peores tormentas, poder sobre los días, las estaciones, el movimiento del Sol y la Luna… Su hermano Poseidón el gran amo de los mares  y su hijo Tritón, mensajero de las profundidades marinas; el terrible Tifón (de ahí viene el nombre del huracán índico) que habiéndose unido a la ninfa Equidna procreó una tribu de monstruos generadores de tempestades, galernas trombas. De cualquier forma el verdadero dios del mar griego fue Ponto, hijo de Gea, diosa de la tierra… En Roma tampoco ha de faltar la corte celestial formada por Júpiter, provocador del diluvio, su hijo  Eolo para los vientos , Neptuno para los mares sobre los que cabalgaba en corcel blanco etc. etc. Adorados y temidos todos, en los que cualquier aproximación a un tratamiento racional proyectado hacia el conocimiento, aunque fuera empírico, estaba a años luz. Sin embargo también existía una auténtica tendencia picaresca entre los hombres de mar que, para proteger al gremio y sus rutas comerciales, creaban polifemos, hidras etc… monstruos  que inducían a sobrevalorar la gesta de la navegación:  El “Mar Tenebroso”, el Atlántico, con temporales, corrientes y abundantes naufragios; la influencia de la Columnas de Hércules, mitos, leyendas…Con todos estos ingredientes se desarrolla, se genera un oficio propio solo de grandes hombres, se decía. No obstante con el paso de los tiempos, y aunque el temor a estos dioses se mantuviera solapado, lo que el hombre que navega va aportando se va consagrando como una gran fuente de información. Si atracamos la nave mitológica, antes de la era cristiana  el pueblo babilónico, como se dice en los “Diarios Astronómicos” observó durante ocho siglos el cambio estacional e hizo predicciones basándose en observaciones planetarias . En el V a.d.C, Hipócrates escribe su “Tratado de climatología  médica”, en el siglo IV a.d.C. el bueno de Aristóteles se aproxima científicamente y nos regala su tratado  “Meteorológica” (de ahí procede el concepto “meteorología”) incluía teorías detalladas sobre la formación de la lluvia y otros fenómenos relacionados con el clima. Esta filosofía logra proyectarse hasta la misma entrada del Renacimiento con la aparición de la etapa instrumental y en la que, a pesar de todo, los astrólogos siguen aferrados a sus teorías. La física -filosófica aristotélica discriminaba perfectamente el cielo de la tierra, se basaba en la combinación de los cuatro elementos de la naturaleza: Tierra, agua, fuego y aire, con sus cuatro cualidades: calor, frío, sequedad y humedad. Afirmaba que a cada viento le acompañaba una fuerza y unas condiciones que los diferenciaba. Aristóteles especula pero no predice. En el I a.d.C, Virgilio en sus “Geórgicas” pronosticaba el tiempo de un día para otro. Séneca ( 1º d.d.C) menciona fenómenos meteorológicos en su “Cuestiones Naturales”. Plinio( 23-79 d.d.C) y su NATURALIS HISTORIA, Claudio Tolomeo ( muy importante su tratado de astronomía ALMAGESTO) y su TRETRABIBLOS. Teofrasto publica un libro sobre predicción del tiempo… Es decir que la inquietud por pronosticar el tiempo  y el conocimiento de las diferentes áreas marítimas adquiere carta de naturaleza, pero no hay que olvidar que la auténtica inquietud por los fenómenos de la naturaleza radicaba en las áreas terrestres (era localista) porque no era fácil pronosticar el tiempo en las zonas marítimas atravesadas únicamente por gente de mar y que,  como cito anteriormente, solía guardar para su propio provecho aunque posteriormente acabara compartiéndo cuando intereses superiores se imponían. No hay que olvidar que, por ejemplo, cuando Roma toma interés por la navegación por cuestiones comerciales y  hegemónicas, su interés era controlar el mar regularizando rutas en las dos áreas mediterráneas. Por tanto debía proteger esa navegación para garantizar el tráfico de mercancías. Es, precisamente, el Mediterráneo, cuna de la civilización occidental, por su situación y su especial orografía, un mar complicado por su constante ebullición climatológica,  el centro neurálgico del comercio y la actividad marítima, el que merece, para la época, el mejor conocimiento de sus variables hidrográficas y meteorológicas. Este mar rico en corrientes, vientos y temperaturas variables, reúne todos los ingredientes para generar una actividad climática que va a incidir de una forma definitiva en la manera de afrontar la aventura marítima. Se establecen épocas propicias para hacerse a la mar: Las conocidas Mare apertum y mare clausum. Apertum, cuando finaliza el invierno hasta el otoño, es decir cuando se considera que la mar está más calmada. Plinio define desde el 8 de Febrero, por mejorar el tiempo a partir de esa fecha: … la primavera, pues, abre los mares a los navegantes, a su inicio los favonios suavizan la atmosfera invernal cuando el Sol alcanza los 25º del Acuario, el día sexto de los idus de febrero. Esto vale también para todos los vientos que voy a exponer, aunque se anticipan un día durante cada bisiesto y vuelven a mantener su ritmo en lo que queda de lustro. Hay algunos que llaman al favonio, en torno al día 8 de las calendas de marzo, el quelidonias por la aparición de la golondrinas, otros en cambio, el ornitias que sopla desde setenta y un días antes del solsticio de invierno hasta nueve días después de la llegada de las aves. El favonio es de sentido opuesto al que denominamos subsolano…” Es decir, con la primavera llegaban los “favonios” de poniente que favorecía la navegación y la hacía más segura. Desde Sicilia a Alejandría se tardaban seis o siete días solamente, teniendo en cuenta que la velocidad la calculaban los pilotos amparándose en sus experiencias, en los vientos y las corrientes. En el 800 a.d.C. Hesiodo, combinando mitología y empirismo, anuncia los mejores momentos para hacerse a la mar en los 50 días que preceden a la caía de las Pléyades, o sea, desde finales de Julio a mediados de Septiembre. No obstante Lucio Apuleyo (II a.d.C.) menciona en su libro  el “ASNO DE ORO” que a principios de Marzo se hacía la ceremonia “NAVIGIUM ISIDIS” en la que, con un rito religioso, se inauguraba el comienzo de las navegaciones y que se podían prolongar hasta comienzos de Noviembre   En los Hechos de los Apóstoles se cita lo que San Pablo manifiesta cuando navegaba  desde Creta a Roma:” ...habíamos perdido un tiempo considerable; la navegación era ya peligrosa, porque había pasado el ayuno de  Septiembre. Amigos, preveo que la travesía va a ser desastrosa con gran peligro no sólo para la carga y el barco, sino también para nuestras personas…”. No era fácil planificar un viaje de ida y vuelta teniendo en cuenta que cuando existían condiciones favorables para la ida, estas no lo eran para el regreso. Esta duda también surgió en el viaje de Colón, pero el almirante la resolvió.



La ciencia, astronomía-astrología, contribuye a que a través de sus recovecos se vayan conformando criterios de predicciones meteorológicas. El Sol, los planetas, la Luna, son testigos y protagonistas para diseñar criterios sobre el tiempo. Colón llevó en su viaje información del judío Abraham Zacuto , que procedía de su TRATADO BREVE DE LOS INFLUJOS CELESTES, para ayudarse a predecir el tiempo y sus REGIMIENTOS para la navegación ( existe la anécdota de que en el cuarto viaje de Colón y después de haber sido capturados por los indios, gracias a unas tablas astronómicas de Zacuto, el almirante pudo predecir un eclipse lunar el 29 de Febrero de 1504, con ello consiguió asombrar a los captores que les regalaron la libertad). A lo largo de la historia surgen por doquier estudiosos que con sus conocimientos alumbraron la oscuridad en la que la meteorología, como saber científico, estaba sumida: Isidoro de Sevilla (570-636), Abrham Ibn Ezra (1092-1167) Leopoldo de Austria (1515-1557), Germán de Corintia (S.XII)…Curiosamente en el S.XVI se hizo un pronóstico de la llegada de ingente cantidad de lluvia que ocasionó tal pánico que la gente de refugió en las montañas. Así reza el pronóstico Stoffer: "En este año se sucederán posiciones planetarias muy relevantes. Durante el mes de febrero tendrán lugar veinte conjunciones pequeñas, medianas y grandes, y de éstas, dieciséis ocuparán los signos de Agua, concerniendo al mundo entero, climas, reinos, provincias, estados, dignatarios, animales y peces y una cierta mutación de todos los habitantes de la Tierra". Este pronóstico no se cumplió. La navegación a través del tiempo continúa hasta que se topa con la iglesia en la Edad Media y hasta el S. XVII cuando comienza la gestación de la Meteorología Científica  (de cualquier forma desde hacía mucho tiempo y durante siglos, cualquier intento por explicar los fenómenos atmosféricos atribuidos a procesos naturales estaba condenado, produciéndose graves enfrentamientos entre la tendencia científica y la religión). Es decir, se produjo, lamentablemente, un auténtico colapso en donde se turnaban los criterios filosóficos, astrológicos y populares para deducir o aportar ideas que fueran susceptibles de ser utilizados en beneficio popular. Un acontecimiento que ralentizó la evolución del conocimiento y la cultura , pero alimentó la superstición, fue la caída del Imperio Romano en 476 y la llegada de la llamada “Edad Oscura”,  pero cuatro siglos después ,con la llegada de la astronomía árabe, se empieza a recuperar, reiniciándose el proceso científico hasta que se llega a la Edad Media en la que  la predicción del tiempo “de accidentibus aeris” ( lo que después llegaría a ser la Meteorología) y con la ayuda de esta astronomía, llevarían a cabo los árabes. No obstante creo que la posición del hombre de mar debía de estar muy lejos de una relativa aproximación con relación a los avances científicos. El poder de la experiencia adquirida por generaciones marineras se superpondría a cualquier intento de una explicación basada en la teoría científica. En el s. XVI Alonso de Chaves y Pedro Medina con sus “ESPEJO DE NAVEGANTES” y “REGIMIENTO DE NAVEGACIÓN” respectivamente, describen las experiencias marítimas de comportamientos meteorológicos basados en función de las señales observadas en  el Sol, la Luna las estrellas, la niebla, el arco iris etc, etc. “Las estrellas a brillar, marineros a la mar”



Si en momentos cruciales de la historia marítima se hubiera tenido una buena información meteorológica, hubiera cambiado la historia global de muchas naciones: Jaime I el Conquistador no pudo prever la llegada de una borrasca antes de que sus naves se hicieran a la mar en su batalla contra el pirateo islamista en el archipiélago mallorquín. Una simple observación barométrica hubiera servido, al comprobar cómo en aquellos días la presión disminuía paulatinamente, para presagiar la llegada de una borrasca. Los dioses protegieron al rey y pudo superar con éxito la empresa: la conquista de Mallorca. Por no hablar del acontecer con nuestra Armada Invencible, la de Felipe II, la del Duque de Medina Sidonia. La falta de una previsión meteorológica propició, además de grandes errores tácticos y las vacilaciones del Duque con la dispersión de la flota en las costas gallegas, el desastre. Cristobal Colón desconocía por completo el régimen de vientos del Atlántico, escogió la peor época del año para aventurarse en un viaje de aquella magnitud. Cualquier marino de altura sabe que en los meses iniciales del gran viaje  es cuando se produce la formación de ciclones tropicales en la línea de convergencia intertropical (también es cierta la posibilidad de una más baja actividad de estos en aquella época a causa de que la temperatura  media del agua del mar fuera dos o tres grados inferior a la actual).  De cualquier forma todo el mundo está de acuerdo en que al Almirante le acompañó una suerte difícil de repetirse que de no haber existido, la historia del mundo hubiera tenido que ser narrada con otros parámetros, hubiera cambiado absolutamente. Luego, después del tercer viaje, pudo pronosticar la llegada de un ciclón, basándose en datos empíricos y astrológicos. Este ciclón destruyó veinte navíos de la flota de Ovando ,el enviado por la corte para investigar a Colón, que había caído en descrédito al parecer por mal gobierno; sustituía a Bobadilla , el cual había enviado encadenado al Almirante a España, acción reprobada por los reyes y como consecuencia fue sustituido). Ovando  había denegado permiso al Almirante para guarnecerse del posible temporal pero Colón ignoró la negativa refugiándose en lo que llamó Puerto Hermoso. 




Vemos por tanto cómo en este juego de empirismo y astrología se podían obtener datos para afrontar posibles situaciones generadoras de peligro. Otro dato significativo fue el descubrimiento de la circulación de los vientos en el anticiclón de las Azores, aunque de esto él no se daría cuenta. Así pudo regresar. Entre los años 1944 y 1945, en plena Guerra Mundial, EEUU tuvo que soportar una gran pérdida de buques y hombres a causa de los ciclones del Mar de la China .No podemos olvidar el papel que desempeño la predicción meteorológica en el día “D”, cuando el desembarco en las playas de Normandía, durante la II Guerra Mundia: una previsión en la que se discutió mucho, predicción que aún estaba en pañales para la importancia que aquella operación había de tener.



Sin lugar a dudas, y después de esta aproximación histórica, lo que sí es evidente es que nunca el hombre, en este caso de mar,  se ha desprendido del conocimiento empírico por muy cercano que estuviera del científico porque la meteorología como ciencia comienza en el Renacimiento y adquiere un gran desarrollo a partir del siglo XVI gracias a potenciación de nuevos instrumentos. Se podía decir que hubo una especie de simbiosis entre uno y otro porque ello llevaba implícito el principio de seguridad en la navegación. La observación de fenómenos naturales, la transmisión oral de ésta e interrelacionarlos con sus consecuencias generó la necesidad de llegar al pronóstico. Bien es cierto que las deidades de cada zona también aportaban su parte hasta bien entrada la Edad Media. Y es a partir del descubrimiento cuando las cosas se empiezan a ver de otra forma porque en occidente el único mar que había despertado pasiones fue  el Mediterráneo y el hombre de mar ya lo conocía suficientemente como para no arriesgarse en singladuras peligrosas.



Cuando se da el gran salto, al de los descubrimientos científicos, al de la fabricación de instrumentos medidores: el termómetro de Galileo, el barómetro de Torricelli, el de la incorporación de las ciencias al estudio de los fenómenos naturales, cuando se da este gran salto, la meteorología aplicada al mar también se enriquece porque nunca hasta entonces una meteorología marítima, náutica, había existido y ésta en realidad existió de forma definitiva cuando en el siglo XIX se desarrolla una gran actividad comercial, y la vela, aunque existiera el vapor pero de menor autonomía, resultaba más económica. Y, como anteriormente cito, la T.S.H. desempeña el papel más trascendental. En 1853 se celebra la primera Conferencia Meteorológica Internacional en Bruselas con la participación de marinos de diferentes países , entre los que no estaba España. Allí el norteamericano Mattheu Fontaine Maury sugirió que fuesen los marinos, mercantes y de guerra, los que deberían de participar en las observaciones meteorológicas, con medios apropiados. En 1911 aparecen los “Pilots Charts” de origen norteamericano. En 1905 en Innsbruk se plantea la posibilidad de utilizar la T.S.H. para transmitir información meteorológica. En 1907 el Comité Meteorológico Internacional propone la obligatoriedad  de que todos los buques que dispongan de TSH deberán realizar observaciones meteorológicas  y transmitirlas a las estaciones costeras y a los buques. Esta información se hacía en onda larga. En 1921 Francia hace la propuesta de situar  buques en posiciones fijas para informar del tiempo atmosférico en el Atlántico Norte . En 1923, y desde la Torre Eiffel, se hacen ensayos utilizando la onda corta con el buque escuela “Jacques Cartier” que fueron apoyados por la comunidad meteorológica internacional. En el verano de  1937 Francia sitúa un mercante, el “Carimaré” entre las Bermudas y las Azores para dar información meteorológica a los aviones que hacían la ruta entre este país y EEUU. La II Guerra Mundial obliga a los EEUU a situar buques meteorológicos estacionarios en el Atlántico para dar información a los transportes de tropas .



La máquina está en marcha, el hombre de mar no se va a sentir huérfano de información cuando se haga a la mar y esté navegando por ella. En 1950, en el seno de Naciones Unidas se crea la Organización Meteorológica Mundial que conllevaría el compromiso de cada nación de colaborar económicamente a la financiación de sus programas.




 Por tanto no debemos olvidar que marinos fueron los que entregaron al mundo un gran bagaje de experiencias y observaciones de vientos y corrientes y su distribución, así como su incidencia sobre la mar. A ellos debemos principalmente el despertar de esta ciencia, que algunos definen como arte, y que, como siempre, sin su acción pionera muchos naufragios no se hubieran podido evitar. Desde aquí mi respeto y mi homenaje.



Fuentes:
Pascual Blazquez. Dennis Wheeler. Lines Escardo. Miró Granada-Gelabert. Amestoy Alonso. Amestoy García. Izquierdo i Tugas

LA MARINA IBERICA DE LA EDAD MEDIA: Un breve resumen.

“La Marina” no es un criterio unitario, global, aplicable solamente a la institución armada, como habitualmente viene ocurriendo desde tiempos inmemoriales. Son Marinas las que conforman ese concepto y  justo será designarlas por su nombre si queremos hacer mención de alguna de ellas:  Armada,  Mercante o Civil,  Pesca y  Recreo. Y es desde este prisma desde donde pretendo hacer un análisis de lo que fue aquella época, en un principio estancada, amarrada desde hacía siglos en criterios tradicionales con escaso aporte científico y que se apoyaba en lo que de cada viaje, en cuanto a experiencias, se iba acumulando, y más tarde convulsa en avances que dieron un impulso decisivo a la navegación marítima.  
Desde aquí quiero rendir un homenaje a aquellos pioneros que con su arrojo y sus vidas provocaron el avance de la navegación, forzando su perfeccionamiento y haciéndola progresivamente más segura.


En la navegación marítima, sus hombres, habían estado estancados en sistemas que adolecían prácticamente de cualquier insinuación de carácter científico, cada patrón de embarcación navegaba con lo asimilado por sus propias experiencias o por lo recibido en transmisión oral de otros marinos. No era fácil navegar en las condiciones como lo hacían, el medio es siempre hostil y aunque la experiencia de muchos navegantes era considerable, para determinar la posición del barco no tenían los conocimientos suficientes ni para hacer una navegación de altura con ciertas garantías; por tanto las derrotas se hacían costeando y como consecuencia se dilataban en el tiempo. No había abundancia de hombres de mar con formación básica, por el contrario sí había analfabetismo cultural, había pilotos, cuando los había, con formación muy deficiente, no había aproximación voluntaria hacia los conocimientos científicos aportados por la cosmografía y la astronomía, al contrario sí había cierto rechazo, la gente de mar prefería la aportación empírica, y la aventura marítima contenía todos los ingredientes para el fracaso; pero también había gente sabia de mar, y, desde mi punto de vista, todos dignos del mayor de los reconocimientos porque de ellos se alimentaron los que posteriormente pusieron las primeras cuadernas del gran navío que la navegación constituyó.  Es verdad que en las primitivas navegaciones carecieron los hombres de estos principios científicos, y por consiguiente que el arrojo de engolfarse en los turbulentos mares, abandonando su pacífica morada, fue obra solamente de la audacia y temeridad que suplieron entonces la falta de conocimientos y de ilustración” escribe Fernández Navarrete en su disertación sobre la Historia de la Náutica. Hace referencia a que ya en su momento el Rey Sabio se preocupó por las condiciones que debían cumplir los naucheres o pilotos.”Naucheres son aquellos llamados por cuyo seso se guían los navíos, et porque estos son como adalides en tierra… deben saber las islas et los puertos… esforzados para sofrir los peligros de la mar et el miedo de los enemigos… sean leales de manera que amen et guarden la honra… et si después deso por su engaño o por  culpa  de su mal guiamiento se perdiese el navío o recibiesen grant daño los que en él fuesen, debe morir él morir por ello”. Se deduce que estos navegantes pasaban algún tipo de  examen antes de que se les entregara el gobierno del navío. Las flotas eran manejadas por hombres que sabían de vientos, corrientes, mareas, cielos y tierra, no disponían de más instrumental náutico para orientarse que su instinto y su sabiduría, fruto de esa vasta experiencia adquirida con cargo a un gran espectro de tributos de todo género, “navegación de fantasía” la llamaban.


 Indiscutiblemente muchas vidas se tuvieron que perder en aquella época ciega de señales que pudieran ayudarlos a una buena recalada en puerto seguro. Los navíos, muchos de precaria construcción, muchos de ellos atacados por la “broma” o “teredo navalis” (molusco xilófago) y en estado deficiente se hacían a la mar para cumplir con su tarea gobernados por marinos arrojados y con una fecha de regreso incierta. Existe el caso, sobre la “broma”, de lo que le ocurrió a J.Sebastián el Cano en su tornaviaje, muchos de los tripulantes quedaron en Mozambique, corriendo grandes riesgos, ante el estado del buque, con abundancia de vías de agua por culpa de la voracidad de estos moluscos. Las negligencias por falta de buena preparación de muchos pilotos llevó a muchos navíos a su perdición. Se daba el caso de navíos que por fallecimiento habían perdido su piloto y ser un marinero adelantado el que se haya hecho cargo de la nave. No obstante fueron marinos que asumían la mar desde un punto de vista sumamente elevado, cuasi reverencial, de máximo respeto, en donde la superstición y el miedo a unos mares desconocidos y  tenebrosos  también imperaban. No había hecho su aparición aún la brújula;  el sol y algunas estrellas junto con las aves eran las referencias que garantizaban de alguna manera la seguridad de cada singladura. Por supuesto que los marginales existían, la piratería es contemporánea a las primeras navegaciones y para protegerse, las embarcaciones se armaban y con el tiempo se adquiere  experiencia y se usan nuevas estrategias que limitan el éxito de aquella, surge el corso; el no saber qué había después de aquellos horizontes: monstruos, animales como los “grifos” representados como hormigas del tamaño de un perro, sirenas, cíclopes, hombres con cabeza de perro (cinocéfalos)…  galernas abismos… como consecuencia un profundo sentido religioso,  formaban parte de la dote. El mundo antiguo dejó como herencia muchos mitos y leyendas que obstruyeron de alguna manera la iniciativa de la navegación oceánica. Los hombres siguen navegando con este riesgo incorporado desde que se materializó el primer transporte de mercancías por vía marítima o tal vez fluvial también. La mar y el hombre, los dos grandes protagonistas de estas historias, pero con carácter mutante. 


De forma progresiva se van incorporando conocimientos de astrología (de la que la astronomía era considerada como una ciencia auxiliar) y matemáticos tanto al oficio de los mareantes como a la misma construcción naval; conocimientos que cimentarían lo que en aquella época era un auténtico compromiso: buscar nuevas rutas que fueran alternativas a las ya establecidas en el Mediterráneo. La España de entonces y Portugal se incorporan a estos avances. Las navegaciones se programan y se hacen más ambiciosas. Los dignatarios reales conscientes de las nuevas necesidades deciden nutrirse de personas ilustradas con amplios conocimientos de ciencia que aplicados a la náutica se utilizarían para enriquecer la formación de pilotos y mareantes, lo que conllevaría una mayor seguridad para las flotas que progresivamente se adentraban en singladuras más exigentes.


Pilotos y mareantes que se van conformando a principios del XIII en instituciones que les otorgan una personalidad propia, las villas marineras y por supuesto las Hermandades de las Villas de la Marina del norte cántabro, de carácter consuetudinario. Se socializan, adquieren temple institucional y en nuestras costas se va creando un tejido con un sello que imprime carácter. Existen dos áreas marítimas muy distintas para afrontar la navegación: La mediterránea y la atlántica, cada una con una personalidad distinta, se construyen barcos distintos y se navega de forma diferente. Por el Atlántico se navega principalmente a vela, no se utilizan cartas náuticas y se usan las sondas como un método de arrumbar, además de las mareas. En el Mediterráneo, más benigno ( aunque como decía Andrea Doria, en este mar había tres puertos seguros: Cartagena, Junio y Julio) navegaban en las épocas más propicias, los romanos las llamaban “marea apertum” y “mare clausum”, se usaba el remo como principal medio de propulsión, los barcos son galeras y galeazas, la configuración de la costa permite identificarla mejor por la frecuencia con la que se navega por esta , hay derroteros y portulanos y cuando decide hacer su aparición la brújula, hacia finales del siglo XII, introducida durante su dominación mediterránea por los árabes como aguja imantada, lo hace por esta cuenca procedente de oriente. El marino Flavio Gioja, al que se le atribuye su utilización para la navegación, tuvo la idea de rotular el nombre de los vientos de esta zona(Tramontana para el Norte con la flor de lis; Euro para el Este; Austro (A) para el Sur; Céfiro para el Oeste(P); Greco para el SW; Mistral para el NW) para determinar los rumbos, la  perfeccionó y fabricó un sistema en el que la aguja se mantenía suspendida sobre una pínula, con lo que le daba un movimiento libre, manteniéndola en el interior de una caja con una tapa de vidrio (tal vez la palabra “brújula” proceda de una palabra  italiana “bussola” que significa cajita). Cuando se usa por primera vez en Europa para navegar en el área atlántica, se sustituyen los vientos por los puntos cardinales. Las cartas náuticas eran muy simples porque consistían en croquis muy básicos en donde no había la posibilidad de determinar distancias, con ellas los pilotos localizaban la zona de costa por donde navegaban. De esta forma podemos hacernos una idea de lo precario que era todo  lo referente a la acción de navegar, es incuestionable que aquellos marinos se dejaban la piel en aquella aventura y, como ya mencioné anteriormente, el tributo de todo ello fue muy alto, y aunque la cuenca mediterránea era aparentemente menos agresiva, las tormentas que en este mar se desataban ocasionaron un número muy elevado de naufragios con el aporte de vidas humanas que ello conlleva. Más tarde el mestizaje de los mares se materializa y tanto Portugal como España se empeñan  en una aventura marítima de donde se sacarán sustanciosos beneficios.


 Para la construcción naval en los siglos XII y XIII los cambios que se producen comienzan a ser significativos, tal vez se empieza a discriminar cada embarcación según el destino para el que se ha de empeñar: para el transporte de mercancías se construyen embarcaciones redondas y vélicas, para las armadas que progresivamente irían formándose, aunque ausentes de todo sello institucional, se construyen embarcaciones como las galeras, alargadas con espolón y de propulsión a remo. De cualquier forma su denominación no sigue una línea regular y depende de la ubicación. Las “Siete Partidas” del Rey sabio Alfonso X describen que en esta etapa de la Edad Media: “Navíos para andar por la mar son de muchas guisas. Et por ende pusieron a cada uno su nombre segunt la faycion en que es hecho; ca a los mayores que van a viento llamanlos carracas e naos, et destos hi ha de dos mastes et de uno et otros menores que son desta manera et dicenles nombres porque sean conoszudos, así como carracones, et buzos, et táridas et haloques et barcas…” Por esta razón existe una nomenclatura muy amplia: “saetías”, “galibrazas”, “leños”, “fustas”, “filibotes” o “pingues”, “pinazas”, “tartanas”, “zabras”, “polacras”, “carabelas”, “flautas”, “taridas”, “cocas”, “carracas”, “galeras”… se puede seguir porque es innumerable la cantidad de denominaciones de los barcos y que entre ellos mantienen características muy similares: el “leño” y la “galeota”, “tartana” y “tirida”, esta y el” uxer”, etc, etc.


GALEOTA
GALERA
GALEAZA
CARRACA
ZABRA
JABEQUE
PINAZA
CARABELA
GALEÓN
NAO
BAJEL



En estas épocas había convivencia entre familias de diferentes creencias religiosas, interrelacionaban entre ellas y esto propiciaba un desarrollo interesante dentro del campo del comercio y la actividad marítima, así como el acercamiento del  saber, del conocimiento. Poco a poco la religión va dando muestras de ser más adicta no solo a la expansión doctrinal sino también al movimiento comercial. No olvidemos que los reinos cristianos, se fueron aproximando de forma progresiva al campo marítimo para expandir la idea cristiana con lo que promueven una navegación más científica que potencia la astronómica con el uso de instrumentos aportados desde oriente. Un ejemplo lo tenemos en la acción de las Cruzadas que desde los siglos XI al XIII impulsaron el comercio entre los pueblos islámicos y cristianos, aunque ello sea una paradoja. Los reinos hispánicos de Jaime I y Alfonso X emprenden una gran acción expansiva en el Mediterráneo que llega hasta islas como Córcega y Cerdeña, parte de Grecia y Norte de África, como consecuencia el comercio catalán se instala en estas áreas aportando la aparición de una entidad protectora como fue el Consulado del Mar.


Se navega, no obstante, con escaso soporte científico, pero ya falta poco para la gran eclosión náutica que se va a producir en el arte de marear, sin olvidarnos de la llegada de la brújula, mencionada anteriormente, que junto con el astrolabio impuso ya grandes cambios en la forma de navegar. Mientras tanto se usan derroteros costeros, como se ha dicho, se llevan abordo pájaros con cuya suelta se ayudan los pilotos para determinar la situación de la costa (sistema usado desde la antigüedad y que durante el siglo XVI aún se seguiría utilizando. Luzón Nogué y Coín Cuenca de la Universidad de Cádiz, tienen publicado un trabajo muy interesante sobre el uso de los pájaros en la navegación: “LA NAVEGACIÓN PRE-ASTRONOMICA EN LA ANTIGÜEDAD: UTILIZACIÓN DE PÁJAROS EN LA ORIENTACIÓN NÁUTICA”)



Los mapas medievales de la primera época adquieren forma circular, se ilustraban con figuras de hombres y monstruos, que eran el fruto de las historias que entre los de su gremio circulaban. En el XIII se utilizaban lo que llamaban portulanos, que representan las costas, y cartas sin ningún tipo de aporte científico en lo tocante al sistema de proyección, de ellas se servían los antiguos pilotos para orientar sus rumbos. La aportación de las exploraciones de los mallorquines, italianos y catalanes hace que, ya en el XIV, haya una drástica evolución positiva 


Cuando la brújula se introduce en el campo de la navegación sin lugar a dudas, hay un antes y un después en la misma con la llegada de este decisivo instrumento y  del que como aguja magnética escribe Alfonso X : “Et bien así como los marineros se guían en la noche oscura por la aguja que le es medianera entre la estrella y la piedra et les muestran por do vayan también en los malos tiempos como en los buenos…”. . Lo hace a principios del XIII, a lo largo de la Baja Edad Media principalmente en el Mediterráneo. En 1295 Raimon Llull la menciona en su “Ars Magna” como “acum”, también habla en sus libros de la utilización de la carta náutica “chartam”. Este mallorquín polifacético escribió un tratado sobre el Arte de Navegar que no ha llegado a nosotros, no obstante sus conocimientos de la ciencia náutica están vertidos en otros tratados gracias a su experiencia en viajes que hizo por Europa, África y Asia, asimilando todo lo que sobre el conocimiento náutico pudo de estas tierras, como por ejemplo de las repúblicas italianas, las cuales disponían de un amplio bagaje sobre navegación. Es conocido un nocturlabio que fabricó para el cálculo de las horas nocturnas. Se generaliza en el Mediterráneo Occidental y posteriormente en el XIV  llega al Atlántico, para protegerlas se guardan en unas cajas, “bitácoras”, que se situaban en la zona donde el timonel podía verla, para poderlo hacer por la noche tenían en un compartimento central un candil de aceite llamado “lántia”.Ya es posible navegar con cierta seguridad de noche y con cielos nublados, la referencia para los rumbos está en el mismo barco. Ya se puede hacer navegación de altura (que debemos a los griegos y su tradición astronómica, perfeccionada por cristianos, árabes y judíos y a la que dio un gran impulso el rey Sabio con sus famosas Tablas Alfonsinas, aunque los verdaderos creadores de la astronomía náutica fueran los árabes). No obstante el empuje inicial hacia más altas cotas en lo tocante a la náutica no provoca un efecto de reacción, no hay mucho entusiasmo manifiesto porque tampoco los pilotos estaban formados para interpretar esta riqueza científica y siguen las navegaciones interminables de cabotaje en vez de hacer muchas por rumbo directo.

En los albores del siglo XIV la náutica estaba en un estado muy básico, cuasi rudimentario, no obstante se llevan a cabo largos viajes, se descubren las Azores, las Canarias, Cabo Verde incluido el estuario del río Congo. Como sabemos, el miedo y la imaginación no tenían límites: Las aguas de las zonas ecuatoriales “hervían”, el Indico un “mar cerrado” y la única forma de encontrar las Indias era navegando hacia el Oeste hasta encontrar tierra, pero es que el Atlántico “no era un mar navegable en su totalidad” y nadie quería arriesgar para resolver esta incógnita. Sin embargo un grupo de marinos mallorquines se arriesgaron por llegar a lo que entonces se llamaba el “Mar Tenebroso” cuya influencia se extendía hasta el sur de Cabo Bojador (“Cabo de miedo”… “en donde los mares arden a causa de enormes cascadas de arena roja…”) allí debía de estar el fin del mundo donde hervían olas furiosas. Doblar este cabo fue una de las preocupaciones de Enrique el Navegante para el que no hay duda de que los océanos son verdaderas vías de comunicación, por esta razón da estímulos a las exploraciones y viajes marítimos que condujeran sobre todo al Cipango de Marco Polo; en 1433 ordenó que al mando de Gil de Eanes zarpase una carabela que sobrepasara el mencionado cabo. Cuando Gil arribó a la zona y observó el espectáculo que tenía ante sus ojos optó por virar, cambió de rumbo y regresó a puerto. No obstante, aproximadamente un año después, D. Enrique decide preparar otra expedición. En esta ocasión Gil de Eanes, una vez en la misma zona, opta por navegar hacia el Oeste hasta ver desaparecer ese tipo de oleaje, pudiendo arrumbar al Sur, siendo esta la salida triunfante que no pudo tener en su primer intento. Hubo muchas expediciones a esta zona de África que fueron olvidadas o no documentadas suficientemente, de cualquier manera lo que hay que destacar es el gran valor que aquellos navegantes imprimían a sus empresas, aventurándose en mares y costas desconocidas con carencia de medios y con grandes dosis de arrojo. Todos ellos fueron los puntales sobre los que se iría construyendo el gran entramado que habría que venir  de la navegación marítima.



Nocturlabio

Entrados ya en el siglo XV, con motivo de la caída de la ciudad de Constantinopla (1453) en poder de los turcos junto con la decisión de China (dinastía Ming) de cerrar sus fronteras al extranjero, se clausuran las comunicaciones comerciales entre Occidente y Oriente a través de las cuales se abastecieron los europeos de mercancías que de alguna forma se hicieron indispensables. El imperio musulmán dominaba la navegación euroasioafricana, había mercaderías preciosas procedentes de oriente que muchas aparecieron dentro del movimiento mercantilista europeo. Esta es la razón que lleva a los europeos a reactivar el comercio con Oriente y a buscar nuevas rutas para llegar a las Indias  Se produce interacción entre las matemáticas y la astrología-astronomía En este tiempo Portugal da un verdadero impulso a la navegación, Enrique el Navegante otorga patentes para la pesca, el corso y el comercio; al ser consciente de los beneficios en forma de rentas de la empresa funda una escuela de náutica en Sagres regentada por un famoso constructor de brújulas y buen conocedor de la práctica y uso de las cartas de marear, el mallorquín Jácome de Mallorca; atrae a su seno a insignes maestros de la cosmografía y de la astronomía, se beneficia de los servicios de los judíos huidos de Mallorca por la influencia xenófoba de Vicente Ferrer, una isla con una gran actividad mercantil con el resto del Mediterráneo. De entre estos es  preciso destacar a Abraham y Jehuda Cresques, padre e hijo, judíos de la Escuela Cartográfica Mallorquina (precisamente esta cartografía mallorquina propició que a lo largo del XIV los barcos mediterráneos llevasen dos cartas marinas que eran lo que se llamaba “cartas de compás” y que representaban la costa y las distancias incluyendo un verdadero entramado de rumbos, no obstante carecían de las coordenadas geográficas). Las galeras reales de Aragón, por una orden real, deberían llevar dos. También incorpora a Abraham Zacut, hispanojudío, en sus tablas del movimiento del Sol se basaron los primeros “regimientos”(guías náuticas) de la altura del Sol; más tarde en 1497 instruyó a los pilotos en el viaje que hizo Vasco de Gama a la India “… enseñándoles el cálculo que había de hacer por las tablas del Regimiento, en todo lo cual los adiestró mucho y a los cuales el Rey mandó luego fueran a navegar para una cierta parte…”. También construyó astrolabios para usar abordo, simplificó el uso de las tablas astronómicas para los pilotos y se facilitaría el trazado de derrotas. Este Infante estimuló y propició varias expediciones por la costa africana, incluso después de su muerte, Portugal con Bartomolé Díaz consigue que se doble el Cabo Tormentario, después Buena Esperanza, porque estaba convencida de que circunnavegando África se llegaba a las Indias.  El mundo hispánico se mueve con celeridad, se promueven exploraciones geográficas y ello conlleva más exigencias para garantizar la resolución de las mismas. Estas exigencias en las áreas científicas y técnicas deben ser más precisas y desembocan necesariamente en los campos de la astronomía náutica y la cartografía principalmente. Portugal se adelanta y promueve una navegación moderna, diferente a la que existía a las puertas de este siglo. Se afirma que la Astronomía náutica es de origen ibérico, el Rey Sabio aportó una fuente muy importante de información para esta ciencia que gracias a ella y a Zacuto se crean los ya mencionados “regimientos náuticos” con la base científica de Ptolomeo( todo gira alrededor de la Tierra). Nuestros marinos se van formando, van creándose áreas de conocimiento que ya, en forma de cuña, aunque lentamente, se va introduciendo en el mundo marítimo. No debemos olvidar que en aquellos tiempos pretéritos se navegaba bajo los auspicios de la gran experiencia que suponía haberse enfrentado a mil aventuras marineras, la formación náutica propiamente dicha como área pedagógica no existía en España. Más tarde el avance que se produce en este campo, aunque actualmente nos resulta insignificante y rudimentario, fue como el gran impulso que comenzó a mover la gran máquina náutica y que aún, en nuestros días, no se ha detenido. Es por tanto en esta Edad Media, como época innovadora, cuando el despertar de la gran navegación se materializa tanto desde el punto de vista interno, por aportaciones propias, como desde las influencias externas.


El astrolabio, desarrollado por los griegos y difundido por los árabes, se usa pero por falta de precisión se cometen muchos errores en la determinación del punto en la carta, el caso del piloto Bartolomé Díaz lo demuestra: este navegante portugués tuvo que desembarcar en Santa Elena para, con observaciones más exactas, poder asegurar la latitud. No era fácil usar el astrolabio plano en la mar. Más cercano a nuestro querido sextante está la ballestilla o báculo de Jacob pero con este también se cometen errores de hasta medio grado


Sin lugar a dudas el verdadero “arte de navegar” lo determina, a parte del carácter empírico de sus navegantes, el uso de la brújula, la observación astronómica y por supuesto las cartas marinas. Desde el punto de vista de actividad eficaz es importante considerar el importante aporte de ese carácter empírico que dan los navegantes del área atlántica que se complementa con el aporte de la brújula y las cartas de marear por parte del área mediterránea. Pero lo que no hay que olvidar es la gran ayuda que supuso, ya desde siglos antes de la llegada del renacimiento, la entrada de tratados de astronomía y cosmografía como los que se crearon en la corte del Rey Sabio :“Libros del Saber de Astronomía”.


Y es a  finales del XV cuando se producen dos acontecimientos que cambiarían el concepto los viajes y del comercio marítimo: Descubrimiento de América y la llegada a la India de Vasco de Gama.

“LA JULIANA” :Un navío mercante en la armada invencible

Sin lugar a dudas  es cierto que hasta entrados en el siglo XVIII no se configura lo que habría de ser la auténtica Armada española, hasta entonces, efectivamente, se constituían armadas pero a base de buques de la flota comercial a través del impuesto de avería, como ocurría en el área atlántica en la Edad Media o contratación por el sistema de asientos en la mediterránea. La excepción se hizo con el reino de Granada en donde los navíos eran propiedad del Rey. La génesis de estas armadas surge en el seno de la Marina Comercial, Civil o Mercante, como se quiera; un hecho poco reconocido dentro de la historiografía náutica en donde, lo repito una vez más, predomina el concepto “MARINA” como el más universal  aplicado a la Armada. A lo largo de la historia la gente de mar, esa que desde los albores de la historia se aventuró en la navegación marítima, fue evolucionando, adaptándose a las necesidades del momento, participando en acciones netamente de defensa de sus intereses o impuestas por mandato superior. Arma sus embarcaciones contra la piratería, el corso o la misma rapiña. Con el tiempo los pueblos se van conformando en entidades con personalidad propia, diferenciados unos de otros y a su vez constituyendo sus infraestructuras defensivas, así, poco a poco se van formando las armadas que finalmente derivarían en lo que es actualmente nuestra Armada, no nuestra Marina.

                      
                                                           Foto de Wikipedia


 Estos días pasados han aparecido en los medios de comunicación nacional e internacional noticias relacionadas con la aparición en la playa de Streedagh Strand  de las costas irlandesas de restos del navío mercante “La Juliana”, un gran barco de 850 toneladas construido en Barcelona en 1570, perteneciente a Juan Arnau Palau, un destacado comerciante de Mataró, capitán y propietario,que hacía comercio entre España  e Italia, su nombre original era “Santa María, Santiago y Santa Clara” y casi siempre se la renombraba como “La Juliana”,  fue requisado en Palermo en 1586 al que se le armó con 35 cañones para formar parte, por orden de Felipe II, de la Gran Armada. A causa de un temporal, el 21 de Septiembre de aquel 1588, en una sola hora, naufraga junto con los “La Lavia” y “Santa María de Vison” cuando intentaban fondear precipitándose unos navíos contra otros a causa del tremendo oleaje reinante. El valor que le dio su propietario  fue el de 40.000 ducados, que nunca pudo recuperar. En esta playa hay un pequeño monumento en forma de barco en memoria del naufragio de estos tres navíos españoles. Irlanda en aquella época, a causa de la presión inglesa, adolecía de muchas materias primas para el sustento de sus nativos y los naufragios proporcionaban medios para paliar su hambruna, tal vez ello propició que se precipitasen sobre nuestros hombres, según declaraciones de uno de los supervivientes, Francisco de Cuéllar, capitán de otro barco que naufragó, el “San Pedro”.



Este es un testimonio más de como nuestra Marina Mercante tuvo participación activa en conflictos bélicos y como nuestros hombres también se dejaron la piel en aquellos eventos. Evidentemente, una vez más, los monumentos, los recuerdos, se quedan fuera de nuestras fronteras. Tristemente todo ello forma parte de la incapacidad de nuestra querida España para reconocer su realidad marítima.